Hologramas en los aeropuertos de Londres

Desde febrero de 2011 los pasajeros que viajan desde los aeropuertos de Luton y de Manchester, antes de pasar al área de seguridad se encuentran con dos empleados “holográficos” que los saludan, les explican las normas de restricción y les recuerdan tener a mano sus tarjetas de embarque.

Los hologramas corresponden a dos empleados reales, John Walsh y Julie Capper, y en realidad, más que verdaderos hologramas, se trata de imágenes proyectadas sobre piezas de vidrio recortadas en forma de silueta que simulan la presencia de personas “virtuales” que hablan y se mueven.

La técnica fue desarrollada en conjunto con la compañía Musion, dedicada al entretenimiento. Es una tecnología de avanzada que ya se utiliza en otras industrias, pero es la primera vez que se pone a trabajar en un aeropuerto.

El resultado es sorprendente. Se ha observado a algunos pasajeros que toman las proyecciones holográficas por personas de carne y hueso, y hasta se acercan a presentarles su documentación o preguntarles algo antes de darse cuenta de que sólo son presencias virtuales.

La idea es ayudar al personal del aeropuerto en la tarea de informar debidamente a los pasajeros sobre cuestiones de seguridad, por ejemplo, los materiales, envases y líquidos que está permitido llevar en el equipaje y cuáles no, evitando incomodidades de último momento, como tener que sacar cosas de la maleta y dejarlas en el aeropuerto.

Sin duda, la función que cumple el holograma es una tarea repetitiva, que cuadra perfectamente con un mecanismo artificial que no se cansará ni se aburrirá de decir las mismas cosas una y otra vez. En cambio, los seres humanos pueden desempeñar otras tareas más creativas. Este sería un buen argumento en contra de los que temen que la difusión del uso de hologramas en este y otros ámbitos de la sociedad reste puestos de trabajo en una época como la actual en que el desempleo es un problema mundial.

Uno podría pensar que un video en una pantalla grande cumpliría la misma función, sin embargo, no se puede negar que es mucho más llamativo el sistema holográfico por su sensación de realidad, y más difícil que sea desatendido por el público.

Es un avance novedoso, que seguramente, al paso que vamos, no tardará mucho en difundirse a otros aeropuertos y más allá, a otros ámbitos y otras aplicaciones. En todo caso, los londinenses pueden estar orgullosos de ser pioneros en la utilización de la nueva técnica.

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